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Ángel

“Ya no puedo seguir con esto”, me dijo.

Lo miré con suspicacia. Por un segundo pensé que era un impulso, una broma, la manera de hacer un punto para darme la posibilidad de cambiar.

Sostuve la mirada.

“Contigo tengo demasiado trabajo. No aguanto más”.

Bajé la mirada. Pensé que haciendo el clásico showcito de los ojos inocentes-sexy-arrepentidos desistiría de su decisión.

Nada.

Lo vuelvo a mirar.

“V, si tú no te cuidas, nadie más te va a cuidar, ¿sabes?

Lo sabía. No había opción de rebatir ese argumento tautológicamente perfecto. Por un momento pensé que me diría que podríamos seguir viéndonos, ser amigos, saludarnos cordialmente en algún encuentro casual. Pero tuve que detenerlo antes de que pudiera hacer tan patético comentario sólo para expiar su culpabilidad.

Después de todos los años juntos, las aventuras vividas, los secretos compartidos, los desafíos alcanzados, las lágrimas derramadas, los días de pasión, las noches de locura… me dejaba. Y nada de lo que yo hiciera podría cambiar el fatal desenlace que se aproximaba.

Quise llorar. Pero mis lágrimas, advertidas de no hacer aparición, se comportaron a la altura de las circunstancias.

Creo que notó mi tristeza. Fue por eso que prefirió hacerlo rápido y brutal. “Es hora. Me voy”.

Le quería gritar que no me dejara, que cambiaría sólo para que se quedara conmigo para siempre, que we were meant to be together, que no me podía abandonar.

Pero su decisión ya estaba tomada. Abrió sus alas y voló lejos de mí.

Y ahora me doy cuenta de cuánto lo necesito. Cuando te abandona tu ángel de la guarda, no queda más que asumir la más total y absoluta soledad.

Muy ángel será, pero seguro se arrepentirá.

Pelotudo.

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Acerca Victoria Fernández

Victoria Fernández

Soy una mujer como cualquier otra, pero a diferencia de muchas, digo lo que pienso, hago lo que digo y soy como soy.

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