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En Busca de Dr. House: una Mirada Crítica a la Medicina en Chile

Siempre me jacté de ser una persona sana. Aparte de haberme quebrado un par de huesos en el colegio o haber tenido más de una sinusitis en la universidad (que fueron curadas por una fantástica doctora antroposófica), creo no haber pisado una clínica o visitado un doctor más que frente a la enfermedad de algún pariente el nacimiento de un nuevo sobrino.

Hasta que ocurrió el milagro. Tras meses de infructuosos intentos y con la esperanza que la maternidad pronto sería una realidad, la sorpresa fue doble y definitiva: dos almas venían a llenar nuestras vidas y, junto a ellas, empezaba una nueva versión de mí, de mi cuerpo, de mi salud.

Enumerar todo lo que he vivido a partir del séptimo mes de embarazo puede ser tedioso, pero resulta necesario: cuando me mandaron a reposo empecé con un dolor en la cadera izquierda el cual el doctor me aseguró que se quitaría después del parto. Pero las niñas nacieron y este empeoró, y se le sumó una lista de otras dolencias con las que tuve que lidiar. Las de la clínica post cesárea pueden ser conocidas por muchas mamás, pero vividas todas en conjunto pueden agotar: el intenso dolor de cabeza por el mínimo escape de líquido de la anestesia raquídea que sólo puede eliminarse con un doloroso “parche de sangre”; el sonido en surround dentro de los oídos por una extraña consecuencia de la misma anestesia; las incómodas hemorroides transformadas en una insoportable fluxión hemorroidal; la influenza tipo A con 40º de temperatura que pesqué en mis tres paseos diarios a la clínica a dar leche a mis hijas en incubadora; una supuesta endometritis – que no se vio, pero fue tratada como tal – que me tuvo una semana internada con una hemorragia uterina; el constante dolor de la cadera que no me dejaba caminar…

Meses después de esos episodios ya se podía decir que estaba mucho mejor, aunque aún persistía el dolor de cadera a pesar de las sesiones de kinesioterapia recomendadas por el primer traumatólogo que vi. El reumatólogo, habiendo practicado toda la batería de exámenes de su especialidad, no había encontrado absolutamente nada fuera de lo normal.

De esos días hasta hoy he visto 15 traumatólogos, 8 reumatólogos, 7 ginecólogos, 6 kinesiólogos, 3 endocrinólogos, 2 médicos internistas, una doctora antroposófica, me operé las dos caderas, se me fisuró la sacroilíaca derecha, tengo recurrentes – e inexplicables – inflamaciones en distintas partes del cuerpo, un dolor constante en el coxis que no me permite descansar y, para rematar, me tuvieron que operar de apendicitis. Me hicieron acupuntura, reiki, terapia de imanes, quiropraxia y hasta vi un médico brujo. La magia está en creer.

Y lo que he visto en este final parcial de mi recorrido es que hay algo que está muy mal en nuestro país. Porque cada doctor al que he ido me ha solicitado los exámenes de su especialidad y me ha declarado sana y sin diagnóstico conocido. Incluso más de uno de ellos me mandó al psicólogo porque “los dolores podían estar en mi cabeza” y uno incluso insistió en que viera un psiquiatra.

El problema que logré identificar luego de visitar todas las clínicas privadas de la ciudad y tomar nota de cada recomendación que me dio cuanta persona ha escuchado mi historia, es que la hiperespecialización de la medicina no ha permitido la conversación entre las distintas ramas de ésta y es prácticamente imposible encontrar un doctor que tenga el tiempo, las ganas y la disposición de hacer el intento por buscar algo más allá.

La mayoría de quienes vieron Dr. House sintieron una profunda admiración por ese inadaptado e indisciplinado médico que no descansaba hasta encontrar – rompiendo las reglas, ciertamente y muchas veces haciendo prueba y error – la causa de la enfermedad y diagnóstico de sus pacientes. Odiado por muchos, nadie habría dudado en dejar a sus hijos en sus manos. Dr. House fallaba y fracasaba, pero al menos intentaba.

Casi todos los médicos por los que he pasado, me han mirado sólo los minutos que su consulta le permiten (15 a 20), muchas veces incluso sin examen clínico, y la mayoría sin revisar el cargamento de exámenes que le llevo para conocer mi historia en profundidad. Así, no han sido capaces de ver más allá de su especialidad. O no han querido. En Chile, hoy, me he encontrado sólo con una clínica (universitaria) que tomó mi caso y lo hizo propio. Pero igualmente sin resultados.

Así, sigo en busca de Dr. House. Si bien no todas han sido malas experiencias, aún busco a un médico que mire más allá de lo que está a la vista; que sienta mi desilusión y escepticismo en los resultados y lo use como motivador y desafío para encontrar lo que otros no han podido; que me mire como un paciente completo y no como una suma de huesos, o de sistema reproductor, o autoinmune, o energías y chacras. Un médico que, por un momento, se ponga en mi lugar y al menos haga el intento de llegar ahí donde otros ni siquiera podrían soñar.

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Acerca Pia Greene

Pia Greene

Cofundadora y Directora de Dcolumnist.com. Periodista de profesión, intento de escritora por vocación. Eterna estudiante, servidora pública, profesora universitaria y consultora. Esposa enamorada y madre dedicada de gemelas idénticas y perfectamente complementarias. Amiga fiel en varios rincones del mundo, amante de viajar y comer. Intensa pero reciente deportista, ávida lectora y consumista culpable de películas y series. Donante sin restricción. Libre y liberal.

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One comment

  1. Super interesante el caso clínico (desde el punto de vista de traumatólogo que soy) y también como se te ha planteado todo este problema.
    Es difícil dar una opinión solo con un artículo, pero lamentablemente hay muchas veces en que no hay una solución clara… Hay cambios físicos por un embarazo y es innegable
    .las hemorroides son parte de la hiperpresión abdominal, el dolor pelvico puede ser de muchas causas (óseas, inflamatorias, vasculares)
    Lo interesante es que te lamentas de solo tenemos 15 a 20 minutos por consulta..a mi.me pasa lo mismo..me encantaría tener 30 minutos por paciente y poder ver a todos a la hora, poder decirles que los veo la próxima semana en vez de en 4 o 6 semanas, pero al final solo tengo 15 minutos y muchas veces me alargo con alguno y con otros voy más rápido y me siento mal por llevar 20 o 30 minutos de retraso.. pero por suerte tengo ese tiempo .. y trabajo en el.sector privado en España, pero veo a mis colegas de la sanidad pública que solo tienes 6 a 8 minutos por paciente y al final tienen 2 hrs de retraso, la mal cara de los pacientes de al final.. y esa realidad es similar en Chile…
    A veces pasas toda la mañana sin poder salir de la consulta por un vaso de agua o al baño, pero al.”paciente” muchas veces eso no le importa.. pero si que en su trabajo para a desayunar, a “la colación”, o a fumar un pucho..

    La hiperespecializacion creo que es correcta, el.que mucho abarca poco aprieta, pero lo que no debe faltar es inquietud en buscar la solución al problema que te plantean, “si no sabes preguntas” o dices “no sé”.. y eres sincero .. es una de las máximas que me enseño mi “gurú” en Chile y mis maestros aquí en España (todos de la misma Escuela).

    Ojalá encuentres solución a tus problemas y si quieres otra opinión, cuenta con la mía, pero porfavor no olvides cuando vayas a una consulta que antes de ti había otro paciente y luego otro después.. si no hay más tiempo es que hay que tratar de atenderles en un horario que te dan, y que como todos los demás trabajos.. después queremos llegar a casa y disfrutar de nuestras familias

    Saludoa