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Camino hacia la Salud

Mi camino hacia la salud empezó hace unos 10 años a raíz de una molestia: colon irritable. Fui a ver a distintos gastroenterólogos y, al no funcionar sus respuestas, busqué alternativas. Primero un doctor que me dio una dieta diferente que mantuve unos meses con una considerable mejora, pero el problema persistía y seguí investigando. Así me enteré que no había una “cura” para esta “enfermedad”.

Luego, por alguna razón del destino, me topé con un curso de “alimentación viva” y, aunque los profesores no sabían si me ayudaría, creían que los síntomas debiesen disminuir dado que, según Salud dietaellos, nuestras funciones corporales mejoran bajo una dieta crudivegana.

En el taller me encantó todo lo de lo alcalinizante de las frutas y verduras en estado crudo, manteniendo sus propiedades, vitaminas y agua. Pero el “gourmet raw food“, que era lo que se enseñaba, si bien no empeoraba mi condición, tampoco la mejoraba sustancialmente.

Algo de lo que leí y escuché en la clase siguió resonando en mí: “cuando tengas dudas, siempre haz lo más simple, lo que harías en la naturaleza”. Una frase tan magistral como críptica. Seguí sumergiéndome en internet, hasta que me crucé con una página que hablaba de comer mucha fruta y verdura cruda, prácticamente frutarianismo, lo descarté por considerarlo muy radical y pensando que eso no era suficiente para “sostener” a una persona.

Y así me topé con un mundo de información: diversos autores, Ghandi, la dieta amucosa, el “higienismo”. Había escuchado este último antes y me espantaba. Había escuchado sobre uno de sus embajadores y no me atraía. Suena como una secta o un grupo extremista. A la larga, es como todo en la vida: cómo uno se lo tome, qué guardo y qué dejo ir de la experiencia. La forma de ir desollando la cebolla de esta condición me fue cautivando de a poco, e inclusive un autor decía que era bueno ir reposando lo que uno leía e ir probando de a poco, que no creyera a lo que estaba escrito, que lo experimentara por mí mismo. Y eso fue lo que hice. También decía que ahí se exponían TODAS las herramientas para superar esta condición, pero estaba en el lector el discriminar cuáles factores asimilaría y cuáles dejaría pasar.

Encontré otros autores y métodos, entre ellos, el 80/10/10 en referencia a la relación de los porcentajes de calorías que debían venir de carbohidratos, proteínas y grasas para tener un estado de salud óptimo, gracias a una dieta de frutas y verduras crudas, sumando el total de calorías que cada uno consume diariamente. También insta a incrementar el número de calorías utilizadas con al menos una hora de actividad física diaria. Era la misma tendencia que había visto y descartado por considerar extrema. Me contacté con el autor por mensajería y me zambullí en este estilo de vida.

En 2010 tomé otro curso de una visión lo más integral posible de la salud. Sus nociones y conceptos resonaron en mí y me parecieron rápidamente asimilables.

Cuando llevaba 4 años con este sistema (80-10-10), sentí que no me estaba funcionando como quería y que me coartaba posibilidades de conexión social. Empecé a probar otras alternativas y, sobre todo, a intentar a aprender a escuchar a mi cuerpo.

No voy a decir que mi camino hacia la salud terminó, pero sí que lo he caminado hace algún tiempo y pretendo seguir haciéndolo. Aunque sea un cliché, podemos decir que la salud, así como la vida, no es un destino sino que un camino. El conjunto de cosas que hagamos en pro o en contra de ella, sólo nos va a aumentar o disminuir nuestra sensación de bienestar, y no podemos considerar que cada acción o elección que privilegia nuestra salud se va a una “cuenta de ahorros”, a la que podemos acudir cuando necesitemos. Tenemos que intentar atender oportuna y simultáneamente todos y cada uno de los aspectos de la salud, lo cual, muchas veces puede atentar contra otras facetas de nuestras vidas. He ahí el desafío: encontrar el equilibrio entre lo que queremos y podemos hacer. ¿Cómo, sin atentar contra algunos de los objetivos que nos hemos planteado, podemos prosperar, sin perjudicar el funcionamiento de nuestro vehículo?

No pretendo tener todas las respuestas, pero quiero sembrar inquietudes. Pienso que ahí está el germen del cambio, de salir del punto muerto y empezar a mirar hacia el lado, ver que existen otras alternativas, otros caminos.

 

 

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Acerca Álvaro Bustos

Álvaro Bustos

Arquitecto de profesión, hermano mellizo y mayor de una familia de 5 hermanos. Casado y padre de hijas gemelas. Siempre he sentido que soy muy sensible, intuitivo y racional. Tiendo a sobre reflexionar sobre todo, por lo que pienso que esta nueva actividad de la escritura me ayudará un poco a dejar de hacerlo tanto, plasmando las ideas y dándome la ocupación de escribir y describir en vez de la pre-ocupación de pensar y pensar.