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Días Grises ¿Qué Nos Está Pasando?

Contaminación (foto columna)Durante las últimas semanas como ciudadanos estamos viviendo una preemergencia tras otra, con las consabidas restricciones vehiculares y los llamados de la autoridad a acatarlas, a no usar estufas a leña y todas aquellas actividades a pequeña escala, que como individuos, podemos aportar en la mitigación de un aire enrarecido y contaminado.

Al mismo tiempo los medios de comunicación aportan con sus críticas y cuestionamientos. “Falló el modelo predictivo”; “Por qué no se incorporan a él los días de partidos de fútbol en que juega Chile”; “Por qué no restricción a los catalíticos” (…).

Pero a mediados de agosto todos estos comentarios se los habrá llevado el viento, junto con la aparición de los primeros volantines, que presagian la llegada de la primavera. Y nos olvidaremos del tema hasta el siguiente invierno. Sin duda, tenemos mala memoria.

Pero las cosas han cambiado. La ciudad de Santiago cuenta desde hace poco tiempo con un nuevo bareno para tomar decisiones de contingencias como lo es la norma de PM 2,5 (partículas finas de menos de 2,5 micras que llegan, por su escaso diámetro, hasta los mismos alveolos pulmonares) que permite cuidar y proteger mucho más la salud y que hizo tener mayor cantidad de preemergencias de las que teníamos antes, cuando solo se medían y se tomaban medidas en base al PM 10 (partículas respirables de menos de 10 micras de diámetro). A su vez, las medidas ya adoptadas en los planes de prevención y de descontaminación han venido reduciendo en forma importante las partículas más peligrosas y tóxicas para la salud.

Mientras se sigue avanzando en estas medidas, las autoridades deben ir incorporando nuevas iniciativas para que el crecimiento natural de la ciudad no vaya diluyendo el impacto de las anteriores acciones de los planes de prevención y de descontaminación hoy vigentes.

Sin embargo, en este escenario llama la atención la falta de responsabilidad y solidaridad ciudadana, en particular en los barrios en donde se encienden chimeneas y estufas a leña en momentos de preemergencias ambientales. Sus responsables las encienden aún a sabiendas de que está prohibido hacerlo. Y saben también que quedarán impunes dada la baja capacidad y probabilidad fiscalizadora del aparato público. Lo mismo respecto del cumplimiento de la restricción vehicular en situaciones de preemergencias.

Esto es parecido a los esfuerzos del gobierno por aumentar las tasas de pago del Transantiago y por mejorar su fiscalización, pero con resultados opuestos, con una tasa creciente de personas que suben sin pagar porque, al igual que con las chimeneas, saben que la probabilidad de que los sorprenda un inspector es mínima.

Entonces surge la interrogante: ¿qué nos está pasando a los santiaguinos? ¿Por qué nos hemos puesto cada vez más indiferentes e individualistas? ¿Qué nos lleva a perder el sentido del bien común? ¿Será que el actual sistema de vida, basado en el consumo, nos ha apartado de los principios básicos de solidaridad generacional e intergeneracional que pregona el Desarrollo Sostenible? ¿O es el “modelo” nuevamente de sociedad de consumo el que está penetrando y generando esta indiferencia?

Esta reflexión es un llamado profundo al compromiso y colaboración, en un país y gobierno que se afana en crecer materialmente, pero que falla en inculcar en sus ciudadanos los principios básicos de la solidaridad y del bien común.

Es la tarea que falta y que sin ella no podremos nunca respirar el aire que deseamos que respiren nuestros hijos, los que hoy claman paradojalmente por una mejor educación.

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Acerca Mauricio Ilabaca

Mauricio Ilabaca
Director Casa Central Instituto del Medio Ambiente, IDMA.