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El Fantasma de la “Evaluación Diferenciada”

No es secreto que con gran frecuencia padres y apoderados de diversos colegios de Chile solicitan evaluaciones diferenciadas para sus hijos, cuando han sido evaluados por neurólogos, psicólogos y psicopedagogos quienes, por medio de exhaustivos test y pruebas, determinan que el niño presenta alguna dificultad que lo mantiene por debajo del rendimiento promedio – esperado para su edad y curso. Dichos documentos otorgan la información necesaria para poner en marcha la “Evaluación Diferenciada”, muchas veces  no bien recibida por colegios y profesores.

Es necesario entender que la “Evaluación Diferenciada” (ED), se conceptualiza como estrategias diferentes de evaluación, aplicadas para personas con coeficiente intelectual normal, escolarizadas, pero que momentáneamente cursan alguna dificultad del aprendizaje.

Si bien las temidas ED son un problema para los docentes, porque conllevan el replanteamiento de metodologías y la modificación de los instrumentos evaluativos según sea la dificultad del alumno, son un derecho que tiene toda persona que se encuentre en proceso de escolarización. Las ED nacen con el propósito de hacer JUSTA la evaluación del alumno, donde este pueda ser medido según su nivel de desarrollo cognitivo y no solamente por  lo que sabe, sino más bien por el “cómo” lo sabe.

Así pues, si un niño tiene dificultades para reflexionar sobre un contenido o información porque todavía no adquiere el pensamiento abstracto, se le deberían incluir imágenes o palabras inductoras que le faciliten el acceso a la pregunta y posterior respuesta.

La ley 20.201 promulgada el año 1998 con el decreto 511, posteriormente modificado el año 2009 con el decreto 170, estipula y categoriza claramente sobre los alumnos con Necesidades Educativas Especiales (N.E.E) lo siguiente: “alumnos que precisan ayudas y recursos adicionales, ya sean humanos, materiales o pedagógicos (…)” (pag. 2  art. 2, dcto. 170). Y las dificultades transitorias como “aquellas no permanentes que requieren los alumnos en algún momento de su vida escolar a consecuencia de un trastorno o discapacidad diagnosticada por un profesional competente y que necesitan de ayudas y apoyos extraordinarios para acceder o progresar en currículum por un determinado período de escolarización” (pag. 2, art. 2, dcto. 170).

Por lo tanto, la solicitud de una ED a un colegio por parte del apoderado y respaldado por informes de profesionales competentes, no debe ser bajo ninguna circunstancia considerado un “favor” que la institución educativa le “hace” al alumno, sino que debe ser aplicado como un legítimo derecho a la educación justa y profesional para todos sin importar la procedencia o valor de la colegiatura.

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Acerca Beatriz Barros

Beatriz Barros

Psicopedagoga y amante de su profesión. Soy mamá, dueña de casa y profesora. La práctica en colegios y consulta me han dado grandes y valiosas experiencias enriquecedoras humana y profesionalmente, pero quien más me ha enseñado sobre paciencia, pedagogía y método es mi hija pequeña a quien le agradezco porque, sin saberlo, ha sido mi mayor maestro.