Inicio / D-Consumidores / La Experiencia Bobbi

La Experiencia Bobbi

Maquillaje (foto columna)

Hace unos días, mi mamá muy contenta me hizo una invitación para una clase de automaquillaje con productos Bobbi Brown donde, “además nos regalarán productos de muestra”, dijo.

Me comentó que la invitación la había recibido mediante un agradable y envolvente voz telefónica que la había contactado dos semanas antes y que, incluso, la llamaron el mismo día para confirmar nuestra asistencia.

Antes de continuar con la historia debo agregar que mi mamá tiene 66 años muy bien llevados, y yo, 36 semanas embarazo.

A las 13 horas llegamos muy puntuales a Bobbi Brown Portal La Dehesa. Al entrar, inmediatamente percibimos una falta de entusiasmo total por parte de las maquilladoras hacia la llegada de sus primeras clientas. Había seis maquilladoras, unos chocolates Carezza y una par de maníes.

Mi mamá, con muchas ganas de reconocer la voz envolvente y profesional de aquella llamada, fue a solicitar ser atendida. Nos dimos cuenta que se miraban entre ellas un poco perdidas con lo que les contaba mi mamá.

Nadie nos ofreció sentarnos, así que agarramos nuestra silla y nos instalamos a esperar por nuestra profesional. Con mucho tedio y mucho maquillaje se me acercó Pamela – lo se porque le pregunté su nombre, y ella, al parecer, ya me conocía – y es ahí donde comienza nuestra interacción.

– “¡Uyyy!”, dice y luego comenta: “Tu cara está seca, seca, craquelada… ¡Se chupa todo!”.

– “Sí… es por el embarazo”, respondí. Creo que ni siquiera había notado mi enorme guata que se interponía entre ella y yo.

Las preguntas continuaron.

– “¿Pero tú te cuidas tu cara? ¿Tienes algún tipo de rutina? ¿Usas algo? ¿Qué usas? ¡Porque tienes muchas líneas de expresión!  ¿Qué edad tienes?”

– “35”, respondí secamente. 

– “¡Ahhh! ¡Uno más que yo!”, dijo con cara de triunfo.

– “La verdad que mi piel ha cambiado mucho con este embarazo”, me justifiqué sin necesidad de hacerlo pero – supongo – que esperando un poco de empatía de su parte.

– “Sí”, agrega. “Estás con rosácea, además”.

Ya en este punto, también reconocí la agresividad con que aplicaba cada producto y sus ganas de terminar lo antes posible con este rostro poco atractivo para una “make up artist”.

Debo confesar que solo al salir de la tienda y recorrer lo vivido pude entender la tremenda agresión de la que había sido víctima.

Obviamente no compramos nada, pero sí exigimos  nuestras muestras gratis, que también desconocieron en un principio las vendedoras.

La experiencia Bobbi solo me abre un sinfín de preguntas. ¿Dónde quedó la atención amable? ¿El conocer y reconocer al otro? Esa atención que logra a veces que compres algo para recompensar el cariño y profesionalismo de quien la vende… Porque la agresión fue gratis hacia alguien que, claramente, no se encuentra en su “beauty moment“, y que solo quiere pasar un momento agradable.

¿Por qué ese empoderamiento arrogante e innecesario? ¿Por trabajar con maquillaje de primera? ¿Por qué tanta rabia?

Me hubiese encantado comprarle a Pamela cada uno de los productos que aplicó en mi piel, según ella craquelada y seca… Pero simplemente quedé muy abatida y cansada con mi lección de “PERFECT SKIN“.

¿Quieres comentar?
Mejor Opina. De Verdad.
 

Acerca Constanza Moraga

Constanza Moraga