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La Obsesión Socialista con los Impuestos

En las últimas semanas hemos sido testigos del discurso consecuente de la izquierda respecto de su mirada de cómo se construye una mejor sociedad: con un Estado con más recursos y personas con menos.

Esa ha sido el espíritu de este primer gobierno de la Nueva Mayoría y de los diputados jóvenes de izquierda, un Estado más grande, más poderoso y más capaz de extraer de los ciudadanos el fruto de su esfuerzo, bajo la excusa siempre presente de brindar mayor seguridad.

Un breve resumen de la obsesión con los impuestos durante este tiempo sería el siguiente: a menos de un mes de instalado el Gobierno, el 2 de abril de 2014, se presentó en el Congreso la Reforma Tributaria más profunda y compleja que se hubiere estudiado desde 1990. Los impuestos se subieron, se crearon otros y se le dieron más atribuciones al Servicio de Impuestos Internos. Esto es más Estado y más poderoso.

Luego, en junio del mismo año, se presentaba un proyecto de ley sobre el trabajo portuario. En él, se buscaba la creación de un Fondo de Modernización Portuario que se financiaría, entre otras cosas, por los “aportes” que las empresas concesionarias deberían pagar. Afortunadamente durante la discusión legislativa se transparentó que la medida era un impuesto (que se ocultaba bajo el nombre de aporte) y se hicieron los cambios pertinentes.

Con los años que han pasado hemos visto nuevamente este apetito voraz por crear más impuestos. Después del caso Caval, y dentro de un contexto muy cuestionable del actuar de la Comisión Engel (elevada por su líder en una especie de Ley Santa e incuestionable), se presentó un proyecto de ley que busca crear un impuesto a la plusvalía, con lo que una persona terminará pagando dos impuestos (a la renta y a la plusvalía) por una sola operación. La excusa de protección, esta vez, es respecto de la especulación. El impuesto propuesto, supuestamente la evitaría.

El año recién pasado, en la discusión sobre el futuro del sistema de pensiones que tenemos (el mismo que es admirado y replicado en los países desarrollados del mundo), conocimos otra idea para crear un nuevo impuesto: que el 5% adicional fuera a un fondo común administrado por el Estado. Desde el ministerio respectivo, se repartiría entonces un monto decidido por expertos designados por el gobierno de turno.

Me gustaría estar terminando esta columna, pero queda paño por cortar: el subsecretario Aleuy, hace menos de una semana y ante el decomiso de armas ilegales, sugirió un impuesto a las municiones. Esta vez, los impuestos no serían una herramienta en contra de la especulación inmobiliaria o una de componente solidario social o de participación en fondos de modernización, sino que una efectiva herramienta en contra de las armas ilegales que las policías no pueden detectar.

Y la guinda de la torta es la propuesta del diputado Jackson sobre el “Transantiago Tarifa Cero”. Independiente del populismo y la irresponsabilidad tan propias de este joven diputado (sobre el discuso populista recomiendo leer a Mauricio Rojas: http://fppchile.org/es/ese-extrano-animal-llamado-populismo/), la manera de pagar el transporte público sería, vaya novedad, con un impuesto a los trabajadores.

Los impuestos para darnos seguridad, para detener la especulación inmobiliaria, para controlar mejor el flujo de armamento, para una mejor educación en Chile, para pagar el transporte público.

Y todo esto en el mismo gobierno en el que explotó una bomba en el Metro y en el que una persona recibió una bomba por correo. En el mismo gobierno en que una persona con fuertes lazos de poder hizo un negocio sobre una especulación inmobiliaria tremendamente rentable.

En fin, podríamos pedir un impuesto a la creación de leyes que sólo paguen los parlamentarios y los funcionarios de gobierno. A ver si así nos dejan un rato tranquilos con el dinero que producimos con nuestro esfuerzo.

 

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Acerca Jose A. Riquelme G.

Jose A. Riquelme G.

Hijo de dos personas increíbles (profundo admirador de mi madre), nieto de una culta lectora y muy amigo de mis amigos y mi perro. Abogado UDD. Ex alumno y hoy profesor universitario. También trabajo como asesor legislativo de 4 diputados jóvenes. Trabajo en las áreas donde creo que se puede cambiar el mundo: la política y la educación. Cada día me convenzo más de la justicia y naturalidad que existe en las ideas liberales.

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