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Las Profundas Causas del NO

Dicen que la política es dinámica y Colombia no es la excepción. El pasado domingo 2 de octubre el ex presidente Uribe encontró la victoria sin buscarla. Tras cuatro años de negociaciones entre el gobierno y las FARC, el pueblo colombiano se pronunció y el acuerdo de la Habana no convenció.

En una polarización sin antecedentes desde el Frente Nacional en 1958, la comunidad internacional y los 6.377.000 colombianos que votaron por el SI, aun no logran entender por qué un pueblo que ha sufrido en carne viva la violencia, ha dado la espalda como respuesta.

Las causas son profundas. Un presidente en extrema impopularidad y sin gobernanza se empeñó en llevar a cabo una negociación de paz, en principio secreta, con una guerrilla que no representa siquiera el 2% de la población colombiana. Por encima de sus expectativas, el proceso tomó más tiempo del que él pudo prever, y el desgaste, las concesiones en exceso y la fastuosidad con que se vendían los logros fueron el caldo de cultivo para un creciente malestar que terminó pasando factura.

Los motivos de fondo que sustentaron el NO son varios. Entre ellos se encuentran: la creación de una justicia paralela bajo el marco normativo inexistente; el no pago de condenas privativas de libertad en cárceles por los crímenes cometidos por parte de los guerrilleros; la posibilidad de participación en política incluso con procesos judiciales en curso; la concesión automática de 10 curules en el Congreso durante dos períodos sin la necesidad ganar un voto democráticamente; la legalización de 30 emisoras radiales para adoctrinamiento en el territorio colombiano y por último, la ausencia de reparación económica por parte de la guerrilla a las víctimas. Sobre este aspecto, el gobierno fue enfático en decir que no conoce donde está el dinero ni a cuánto asciende el monto de su fortuna, sin embargo The Economist, publicó un artículo con base en un estudio del mismo gobierno colombiano, que presume un posible monto de 10.500 millones de dólares, todos ellos producto de la minería ilegal, el narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Para los colombianos resulta indignante, por no decirlo menos, que este tema no haya sido tratado en extenso en La Habana.

Adicional a lo anterior, los colombianos también acudieron a las urnas por motivos de forma que no dejan de ser menores. En primera instancia, la modificación arbitraria que avaló la Corte Constitucional en el umbral de aprobación del censo electoral pasando del 25% al 13%, para garantizar un mínimo de 4.3 millones de votos; el evidente desequilibrio entre la campaña de SI sobre la del NO certificado incluso por la OEA; el sistemático desconocimiento de la oposición en el proceso de construcción del acuerdo; la permanente presión por parte de la comunidad internacional a una situación tan profunda del pueblo Colombiano, con total desconocimiento del trasfondo constitucional negociado, la carrera obsesiva y velada por el Nobel y por último, el aterrador silencio del gobierno frente a la situación del pueblo venezolano fueron entre otros, algunos de los motivos que, en silencio, lanzaron a las urnas al NO.

Era difícil avalar este acuerdo. Si bien hay que reconocer que se ha logrado bastante y que hemos recorrido un buen camino, y con la convicción que en Colombia todos queremos la paz, lo cierto es que no podemos lograrla a cualquier precio. Ese fue el mandato del constituyente primario el domingo pasado.

El primer paso para ello es que Uribe y  Santos se reconcilien, y a partir de un acuerdo entre ellos, el camino para Colombia será más fácil. Ojalá tengan la grandeza de espíritu y logren estar a la altura de lo que el pueblo colombiano está exigiendo.

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Acerca María Jimena Escandón

María Jimena Escandón
Colombiana. Abogada de la Universidad Javeriana en Bogotá, especialista en Derecho Público y Máster de Estado de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Consultora en Asuntos Públicos y Corporativos.