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Lecciones de Desamor

España (foto columna lavanguardia.com)
Fuente fotografía: www.lavanguardia.com

Ya van siete meses desde que comenzó el proceso electoral en España. Siete meses en los que, por dos veces, el ganador de las elecciones no ha sido capaz de reunir los apoyos parlamentarios suficientes como para ser investido presidente del Gobierno. Siete meses de desamor para un Mariano Rajoy del que sus colaboradores más cercanos tienen que asegurar a la prensa que no está inmóvil. Y mientras tanto, los españoles hemos cambiado de año, hemos celebrado el Carnaval, hemos seguido la liga de fútbol, hemos acabado el curso académico y estamos esperando con ansia las vacaciones para agarrar a los niños y a la pareja y salir de la ciudad camino a la playa, o a la montaña o al pueblo, desde donde seguiremos las aventuras de desamor de Mariano Rajoy, el candidato errante.

Hay algunas lecciones que se pueden extraer de esta situación tan anómala, inédita en la corta historia de la democracia española. Una mirada atenta a los actores principales es un buen comienzo.

El candidato errante, herido de desamor, Mariano Rajoy, contrariamente a lo que afirman quienes le asisten en la soledad política, está completamente paralizado. Vive, ciertamente, conserva el pulso, pero mantiene la mirada al infinito con una mueca que quiere ser leve sonrisa pero se queda en eso, mueca. Y lo entiendo, empatizo con esa sensación de bloqueo que uno siente cuando sabe que haga lo que haga le van a atizar por todos lados. Si se acerca a los demás partidos constitucionalistas (no independentistas) entonces se le acusa de mendigar apoyos; si no lo hace, se le acusa de soberbio. Si sonríe, se cuestiona de qué se ríe; si permanece serio, se señala que no es buena señal tanta seriedad. Y mientras él permanece como criogenizado políticamente, el resto del mundo se ceba con su gestión, su mala dirección del partido, su falta de liderazgo y todo lo demás.

Y no sin razón. Porque, efectivamente, el Partido Popular es un nido de ratas. También es verdad que a pesar de las tímidas mejoras económicas, la reforma laboral fue escasa, el problema de las pensiones se nos cae encima, la Unión Europea nos ha penalizado por incumplimiento del objetivo de déficit, el desempleo no desciende lo suficientemente rápido y la gestión territorial es un desastre.

Pero, por otro lado, ¿quién está señalando con el dedo al PP? Partidos políticos que tienen mucho que callar, como el PSOE, otro nido de ratas cuya gestión en los años de Zapatero fue igualmente terrible. O Ciudadanos, tan variable que nadie sabe qué hace y dónde está. Así que tienen su parte de razón los “peperos” que defienden al jefe de tantos ataques.

El Partido Socialista Obrero Español, con Pedro Sánchez a la cabeza está viviendo su propio drama shakespeariano; un momento muy inoportuno para una guerra civil, sin duda. Una gran parte de los “barones” (líderes regionales) quieren sacarle del trono, pero, sorpresa, sorpresa, no hay un líder de recambio que sustituya a Sánchez. Tras el 20 de diciembre, cuando obtuvieron el peor resultado de la historia de la democracia, Pedro Sánchez vivió un momento de epifanía cuando se dio cuenta de que tenía una oportunidad de ser presidente e hizo todo lo que pudo para pactar con Ciudadanos, con la izquierda radical de Podemos, con los nacionalistas, con el mismo demonio si hubiera hecho falta. Fue inútil. No se puede mezclar aceite y agua.

Los nuevos partidos, el insípido Ciudadanos, que quiere erigirse como el menor de los males, y Podemos, la izquierda radical que trata de recoger el descontento de la izquierda, están aún muy verdes y no acaban de ganar el favor de la gente. Todos ellos, increíblemente, le piden a Mariano Rajoy, el candidato que ha obtenido más votos, que se vaya o no pactan.  

Así las cosas, si finalmente se logra un gobierno de consenso, es previsible que, con una oposición que va a atacar machete en boca, la legislatura no dure mucho. El segundo escenario son las terceras elecciones. Las previsiones dan una victoria arrasadora al PP. Especialmente si los demás partidos siguen perdiendo los nervios y cometiendo errores garrafales de estrategia y comunicación cada día que pasa. La gente se cansa y vota lo malo conocido.

Y, Mariano, muy quieto, mira al infinito. Sonriendo.

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Acerca Maria Blanco

Maria Blanco
Española. Doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora del Departamento de Economía de la Universidad CEU-San Pablo. Profesora en CMT-Group (Argentina). Miembro del Instituto Juan de Mariana y de la Mont Pelerin Society. Conferencista con Students for Liberty y El Club de los Viernes. Participo en diversos medios audiovisuales españoles. Escribo en diferentes publicaciones digitales como analista de economía y de política. Autora del libro Las Tribus Liberales.

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