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Lima, Ciudad Cargada de Sabor

LimaFui a Perú sin saber lo que me esperaba. Tenía algunos datos no muy alentadores, como que siempre está nublado, que tiene mal olor, que con los chilenos no son muy simpáticos, pero que se come rico. Iba asustada, pero dispuesta a la aventura, y a dejarme sorprender.

En Lima hay sabor de todo tipo, no solo por su nivel gastronómico de alto impacto, sino que la gente, el clima y cada cosa que incluye esta maravillosa ciudad tiene un toque de sazón. Todo, absolutamente todo lo que me habían dicho es una vil mentira. Me enamoré de esta ciudad y volvería una y mil veces más.

Fuimos a cada rincón que pudimos. A las 10 de la mañana de un jueves partimos al “Mercado 1” y probamos todo: ceviches, chilcano, jugos naturales, frutas exóticas. Entramos en cada tienda que se nos cruzaba. Si hay algo que saben hacer bien además de cocinar, es vender, la mezcla de colores, la forma en que lo exponen, saben perfectamente cómo lograr que uno, quiera llevarse TODO.

La comida no deja de sorprender, saben las medidas perfectas para que uno quiera probar más de un solo plato. Conversamos con cada persona que pudimos, son cultos, alegres y pronuncian tan bien cada palabra que da la sensación que uno está recién aprendiendo a hablar.

Almorzamos en el restaurant del ganador del concurso Ceviche con Sentimiento que hace Gastón Acurio, programa que busca promover el crecimiento de los emprendedores peruanos que apuestan por la gastronomía y, en particular, por el ceviche. Un acierto, independiente que ya es un lugar “popular”, sigue teniendo esa chispa peruana que acoge e invita a probar.

Caminamos sin destino por Lima, el clima nos acompañó muchísimo, con 20° y un viento tibio fuimos al “Mercado Indio’s”, en la avenida Petit Thouars, donde las cosas de alpaca son muy lindos y a precios realmente asequibles.

Nos habían hablado de un restaurant de cocina Nikkei, y debo reconocer que ha sido uno de los mejores lugares que he ido en mi vida. Tomamos unos tragos exquisitos en la barra mientras esperábamos la mesa y, dado que la carta era muy extensa, dejamos que nos sorprendieran. Comimos de todo un poco, sushis preparados frente a nuestros ojos con los ingredientes que fuimos eligiendo, unos cortes de wagyu acompañados de diferentes salsas y unos sashimis de variados pescados. No hubo absolutamente nada de lo que comimos que no estuviera rico, bien preparado o perfectamente presentado.

Al día siguiente salimos a recorrer, y nos fuimos literalmente “donde las papas queman”, a Gamarra, donde los mismos peruanos compran sus productos para después revender. Ahí, donde se confecciona la ropa del maravilloso algodón peruano, almorzamos donde nos recomendó el taxista, una “picada” con segundo piso y aire acondicionado – como ellos lo promocionan – con comida exquisita, mozos encantadores y la pausa perfecta para seguir comprando y recorriendo. Estuvimos todo el día, y nadie se fue con las manos vacías.

Comimos en el restaurante donde Acurio hace su magia, sin reserva y con casi 45 minutos de espera, el resultado fue maravilloso La decisión de anticuchos de pulpo y de pez espada, además de una entraña Angus acompañado de un picante de papas con maní estaban, de verdad, exquisitos.

El tercer día tomamos desayuno a una sanguchería típica de Perú, un local donde los jugos naturales, los cafés y los mismos sándwiches valen la pena la espera y las filas. Alrededor de las 11:30 fuimos a la playa (playa de piedras), donde una gran cantidad de personas esperaban la ola, contemplando los pequeños rayos de sol que a veces se asoman en este nublado país.

Tomamos un tour por el centro de la ciudad y recorrimos durante 4 horas el interior de Lima. Nos bajamos en la Basílica y Convento de San Francisco, recorriendo los pasillos, bibliotecas y catacumbas, huesos y más huesos que hicieron que a mí personalmente no me gustara pero que sin desmerecer es algo que hay que conocer alguna vez en la vida.

En la noche comimos cocina mestiza, mezcla de peruana con mediterránea, una privilegiada ubicación a orilla del mar y con un primer piso con bar lounge. Compartimos un trío de causas acompañadas de camarones al wok y atún, un ceviche de la casa y un pulpo a la parrilla, además de una botella de vino blanco que acompañaba perfecto esta mezcla de sabores. Este restaurant no nos fascinó como los otros, sin desmerecer su comida, nos pareció más bien “típico”. Pedimos la cuenta y bajamos al bar. Música electrónica, buen ambiente y nosotros empezando a sumergirnos en esta noche que quería dejarse conquistar. Después de un par de tragos, nos fuimos a bailar.

La discoteque elegida era una fiesta de lentejuelas y tacos de al menos 15 cms., y yo me sentía totalmente fuera de lugar, con blue jeans y zapatillas. 1500 personas bailando al son de la bachata, el reggaeton, electrónica y algo de cumbia, se nos venía una noche larga y había que disfrutar. Un par de vueltas, unos tequilas y sin darnos cuenta ya dábamos por finalizada nuestra última noche.

Día siguiente volvimos a la sanguchería a tomar desayuno y partimos a Barranco, es un distrito de Lima donde las casonas y las calles son parte de la historia y de la tradición de este país. De día restaurantes tranquilos, vida familiar, pero de noche se convierte en un lugar bohemio, los bares y discoteques llenos de gente joven y alegre, lo que lo hace parte de lo mejor de la vida nocturna.

Nos sentamos en un local pintoresco, donde un mozo que había trabajado en Chile compartía orgulloso su experiencia de haber vivido en nuestro país. Elegimos un tártaro de atún, espárragos fritos, y un ceviche con calamares apanados. Compartimos el clásico lomo saltado y unos ravioles rellenos de espinaca y zanahoria, con una salsa de mantequilla y alcaparras, mezcla de sabores que nos llevó a alucinar. Y así nos despedíamos.

4 días llenos de sabores, de experiencias y de una agradable sensación.

Lima me sorprendió, me dejó la puerta abierta para volver, y lo haré porque aún tengo rincones pendientes, porque son pocos los lugares donde uno volvería, pero a mí me dejó con ganas de más.

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Acerca Verónica Correa

Verónica Correa

Directora de Dcolumnist.com

Hija, hermana y mujer. Enamorada con pasión, ya sea de la vida, la comida, los viajes, la moda, las fotos, la música y en especial el amor. Una caja de pandora, siempre lista para salir, querer y vivir.

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