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No Lo Merecíamos… Nadie Lo Merece

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Nunca habría imaginado lo doloroso y grave que es el conflicto mapuche, si el 19 de mayo del año pasado no hubieran intentado asesinar a mi hermano y sobrino al incendiar nuestra casa y dispararles con la intención de calcinarlos al igual que los Luchsinger.

Desde ese día me he interiorizado de lo que pasa en las regiones del Biobío, Araucanía y los Ríos, conociendo historias familiares muy parecidas a la nuestra, donde el trabajo, la vida familiar y la paz se acabaron. La violencia con que se nos atacó sin tener históricamente conflictos con las comunidades vecinas nos dejó asombrados, además de destruir 50 años de historia familiar y tantas vivencias con las más de 50 personas que pasaron por nuestro querido fundo Rucahue cada verano, también nos quitó la confianza de transitar por nuestra tierra, por nuestro país.

Todo el que va de vacaciones a la zona en conflicto y que no ha tenido conocimiento de éste, no ve las tanquetas del GOPE, los carteles de zona Mapuche, las banderas de lucha y muchos otros signos, como bosques, camiones y maquinarias quemadas. Para mí también fueron transparentes hasta que nos tocó. Y ya no hay día en que no me entere de un incendio, robo o ataque con encapuchados armados. Esto va creciendo y no se ven luces de acabar. Me gustaría que los chilenos conocieran lo que pasa en estas regiones, que no son solo grandes terratenientes y empresas forestales los que se ven atacados, hay muchos pequeños parceleros incluso de la misma etnia que son atacados por no involucrarse en la lucha.

Para mí la palabra Mapuche me producía orgullo por una raza, parte de nuestro país a quienes todavía admiro. Me da mucha rabia que estén utilizando a gente buena y el nombre de una etnia como instrumento político para que unos pocos obtengan tierras, y los que realmente lo merecen por ser auténticamente mapuches no lo tengan. Hoy, para constituir una comunidad no es necesario tener sangre mapuche, es un trámite que cualquier persona, incluso extranjeros pueden lograr, por lo cual se están dando tierras pagadas por el resto de los chilenos a gente que no tiene arte ni parte en el tema.

No soy autoridad en el conflicto y mis opiniones van de lo que mi corazón me dice, que queremos paz, que en este país tan maravilloso podamos trabajar, convivir en armonía y poder criar a nuestros hijos donde no haya odio ni rencor. Que el Estado se haga cargo de una vez por todas de regular la entrega de tierras a quienes realmente les corresponden y pongan límites a ello, que se verifique que estas tierras sigan siendo productivas, no páramos que no sirven de nada. Si no le ponen el cascabel al gato, en poco tiempo, todo el que tenga un terrenito o parcela al sur del Biobío se va a ver expuesto a que se la quemen, se la quiten o expropien. La llamada reivindicación de tierras va para allá, pues los que se denominan líderes del Wall Mapu se aferran al parlamento de Tapihue de 1825, que en uno de sus puntos dice que la línea divisoria del país es el Biobío, desconociendo que entre 1861 y 1883 se produjeron hechos que cambiaron ese tratado, modificando los términos de propiedad de la tierra, y todo ese territorio pasó a ser soberanía de Chile uniendo el norte y sur del país. En ese momento se entregó títulos de merced a las comunidades, para que tuvieran propiedad de sus tierras.

Es cierto que hubo malas prácticas posteriores a la entrega de los títulos de merced y muchos mapuches sufrieron despojos de sus tierras, pero eso no justifica el nivel de violencia que hoy muchos estamos viviendo, que en el caso particular de nosotros, tierra que en ningún minuto fue de dominio mapuche, por títulos de merced.

A un año y medio todavía tengo mucha pena por haber perdido nuestro lugar familiar, veo a mis padres 85 y 78 años sin su proyecto de vida y sin tiempo para rehacerlo. Pero como no somos minorías, ni etnias, ni sectas o incluso estudiantes, nadie nos protege y tampoco tenemos voz.

Dejo la pregunta, ¿es justo?

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Acerca Ximena Villasante

Ximena Villasante