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Por Qué No Hay Que Regular Uber

File illustration picture showing the logo of car-sharing service app Uber on a smartphone next to the picture of an official German taxi sign in Frankfurt, September 15, 2014. A Frankfurt court earlier this month instituted a temporary injunction against Uber from offering car-sharing services across Germany. San Francisco-based Uber, which allows users to summon taxi-like services on their smartphones, offers two main services, Uber, its classic low-cost, limousine pick-up service, and Uberpop, a newer ride-sharing service, which connects private drivers to passengers - an established practice in Germany that nonetheless operates in a legal grey area of rules governing commercial transportation.    REUTERS/Kai Pfaffenbach/Files  (GERMANY - Tags: BUSINESS EMPLOYMENT CRIME LAW TRANSPORT)
Uber es uno de los ejemplos perfectos de la idea de “Creación Destructiva” que Schumpeter nos presentó hace casi un siglo. Había un mercado (transporte de pasajeros) que no se hacía cargo por completo de las necesidades de nosotros, los usuarios, las personas. El ritmo de vida de muchos de los que vivimos en ciudades grandes demanda movimientos rápidos. Además, muchas personas buscamos, como en cualquier otro servicio, una buena relación precio/calidad y seguridad en nuestros trayectos.

¿Es culpa de los taxistas que haya aparecido Uber? Primero, no puede considerarse culposa la aparición y desarrollo de las buenas ideas. Así que no. No es culpa de nadie, es mérito de algunos.

Es verdad que muchos taxistas cometieron abusos como cobrar tarifas prefijadas (aunque no puedan hacerlo). Pero también es verdad que hay miles de taxistas que ejercen su oficio de manera honesta.

El punto es que cuando nos fallaron algunos taxistas, quien nos falló fue el que los debía fiscalizar, el que les fijó las reglas del juego, el Estado. El mismo que les falló a los taxistas ahogándolos con regulaciones superadas y añejas. El mismo que supuestamente nos ofrece seguridad y protección de la cuna a la tumba.

El Ministro de Transportes que catalogó como piratas a Uber y Cabify, contó con un aumento de 20,19% de presupuesto para el Programa de Fiscalización y Control de su cartera, y con un 18,75% para gastos en personal entre el 2014 y el 2015 (hay que recordar que el presupuesto para el 2015 fue diseñado por la Nueva Mayoría). En total, más de dos mil millones más para fiscalizar y al menos yo no he visto nunca fiscalizadores del ministerio en las noches cuidándonos de posibles irregularidades. Sí los he visto fiscalizando a la innovación y al emprendimiento.

La eterna respuesta de algunos de nuestros legisladores para solucionar todos sus problemas (no los nuestros): más leyes. Regular servicios como los de Uber y Cabify.

Hace poco más de un mes, José Joaquín Brunner publicó una columna que tituló “El Fetichismo de la Ley”, en la que critica esta tendencia mundial de clamar por más regulaciones. Es muy claro en sus argumentos. Dice Brunner que: “La ley convertida en un falso ídolo; en una fuerza con poderes mágicos por medio de los cuales sería posible crear, estructurar, corregir y moldear la sociedad y la historia. La ley tiene, en esta visión alienada, poderes infinitos: puede hacer igual lo desigual, crear valores, determinar comportamientos, generar cohesión social, administrar la vida de los grupos y las ciudades, suprimir la maldad, volver transparentes los recovecos del poder, mejorar la felicidad de la gente”.

Pero está claro que varios de nuestros legisladores no prestan atención a las alarmas que de varios sectores se activan por esta adoración que tienen por las leyes.

¿Cómo es el proyecto presentado por el gobierno? Una vez más, desprolijo, hecho a la rápida, vulnera garantías constitucionales de nosotros los contribuyentes y aun así, parlamentarios de gobierno piden que su tramitación sea rápida.

¿Lo peor? Es que probablemente la regulación que resulte de aquí va a ser aceptable para Uber y Cabify limitando el acceso a eventuales competidores. Así, se nos va a cerrar un naciente mercado y caerá en manos de dos competidores. En otros países hay varias aplicaciones que compiten con Uber. En Chile va a ser más difícil.

No puedo dejar de pensar en el libro “La Degeneración de Occidente” de Niall Ferguson. En particular, en esta expresión: “uno de los enemigos más mortíferos del imperio de la ley son las malas leyes”.

¿Cuánto espacio dejamos abierto para futuros emprendimientos de transporte de personas si no regulamos? Bastante más que si cerramos hoy el mercado a dos competidores.

 

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Acerca Jose A. Riquelme G.

Jose A. Riquelme G.

Hijo de dos personas increíbles (profundo admirador de mi madre), nieto de una culta lectora y muy amigo de mis amigos y mi perro. Abogado UDD. Ex alumno y hoy profesor universitario. También trabajo como asesor legislativo de 4 diputados jóvenes. Trabajo en las áreas donde creo que se puede cambiar el mundo: la política y la educación. Cada día me convenzo más de la justicia y naturalidad que existe en las ideas liberales.

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