Inicio / D-Mundo / Paz en Colombia, “con la pistola sobre la mesa”

Paz en Colombia, “con la pistola sobre la mesa”

gun-on-table

Colombia vive momentos cruciales de su historia. Todo su pueblo sigue expectante el proceso de negociaciones que tras su fin, llevaría a la paz definitiva en ese país. Si todo ocurre como se ha establecido, el próximo 26 de septiembre se firmará un acuerdo que será sometido a plebiscito el 02 de octubre para ratificación de la ciudadanía. El desarrollo de los “diálogos de la paz” entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC no han estado ajenos a la controversia: para algunos se trata del fin definitivo a un conflicto que ha cobrado miles de víctimas inocentes, mientras para otros es la puerta de entrada y legitimación política de terroristas de izquierda.

Sin embargo, el verdadero problema político que vive hoy Colombia es sobre el contenido de tan anhelada paz. Más allá del “alto al fuego”, es necesario advertir los cambios que se producirán en el país. Como es sabido, hace años que existen organizaciones armadas que han dividido el país, asesinando, secuestrando, torturando, extorsionando y un largo etcétera de vejaciones y violaciones a los Derechos Humanos, que mantuvieron a ese país en permanente estado de excepción. Ahora, y  después de una nueva negociación, esas mismas fuerzas insurreccionales proponen dejar las armas. Para ello, el gobierno les ofrece, como parte del “acuerdo de paz”, cuestiones ajenas a todo sano orden democrático, como la provisión permanente de escaños (o curules), que aseguren un mínimo de representación política a la agrupación política legal que surgirá desde la organización terrorista FARC. Además, el Estado colombiano financiará con USD $200 mensuales por un período de dos años a cada guerrillero que deje las armas, más USD $700 como aporte para volver a la vida civil y unos UDS $2.750 de subsidio por proyecto de emprendimiento que levanten. También los acuerdos otorgan una ley de amnistía para los delitos cometidos por los guerrilleros y, lo que constituye una “garantía” de impunidad: la creación del Tribunal de Paz, el que suspenderá las penas de aquellos guerrilleros que fueron condenados antes de la existencia de esta institución, hasta que sean confirmadas por ella.

 En Chile no podemos ver los acontecimientos colombianos con lejanía. Hace años en la región de la Araucanía están ocurriendo hechos que desafían la seguridad nacional y frente a los cuales no ha existido una investigación apropiada ni una reacción enérgica por parte de las autoridades. Ha existido una escalada de la violencia, que incluye el brutal asesinato del matrimonio Lucksinger Mackay, los innumerables atentados incendiarios a iglesias, predios, camiones y ataques a personas que se han registrado en el último tiempo. La misma Coordinadora Arauco Malleco (CAM) ha reivindicado la violencia política como método de “lucha frontal” contra el Estado, la que es canalizada a través de “acciones militares” que tienen el objetivo de “asentar las bases de la liberación nacional mapuche”.


Nadie sabe cómo terminará este problema. El caso colombiano nos enseña que el poder de fuego logrará imponer sus términos, amparados en una falsa imagen de víctimas y acusando persecuciones e injusticias. En Chile, el líder de la CAM, Héctor Llaitul afirmó que aspira a un “diálogo político de alto nivel”, señalando que se encuentra “disponible para una tregua con el Estado”. Esperemos que en Chile no se repita el caso colombiano, y así no tengamos que presenciar un nuevo “proceso de paz” con la pistola sobre la mesa.

Foto: http://www.ktrs.com

¿Quieres comentar?
Mejor Opina. De Verdad.
 

Acerca Emiliano García

Emiliano García

Egresado de Derecho PUC, ha realizado investigaciones con Cristóbal Orrego  y Gonzalo Rojas. Coordinador de Formación de la Fundación Jaime Guzmán.

También puedes ver

Gobierno Jubilado

El 8 de agosto la presidenta Bachelet, por cadena nacional, informaba de las propuestas del …