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Pensiones: Responsabilidad y Solidaridad

imageEste no es el año de las AFP. Me imagino que pueden ser la única institución con menor aprobación que los partidos y conglomerados políticos, y la marcha de este domingo parece ser la señal que muchos esperaban para terminar de condenar este sistema.

Más allá de las discusiones técnicas y políticas, respecto de cuál es el sistema de pensiones que necesita y se puede permitir el país, los que no tenemos conocimientos profundos de economía podemos comenzar a preguntarnos: ¿Quién es responsable de la dignidad de la vejez en el país?

Arriesgándome a sobre simplificar las opciones, si creemos que cada uno es responsable de su vejez, un sistema de capitalización individual como las AFP sería un mecanismo justo, que entregaría un nivel de vida acorde a los ingresos percibidos durante la vida laboral, y a los ahorros alcanzados en función de esos ingresos.

Por otro lado, si creemos que, más allá de los ingresos percibidos en la vida laboral, el asegurar una vejez digna es una responsabilidad colectiva, tenderíamos a construir un sistema solidario, el cual tenga como propósito recolectar aportes que permitan otorgar una pensión que permita asegurar este nivel de vida a todos.

Reconociendo que ambas opciones tienen diferentes tonos de gris, como es el Pilar Solidario del Sistema de Pensiones, que entrega o mejora las pensiones de vejez e invalidez a quienes no tienen o tienen pensiones muy bajas, es necesario hacernos esta pregunta para sumarnos a la discusión de cuál es el modelo de pensiones que queremos para el país.

Declaraciones como la de la editorial de este jueves de El Mercurio, donde dice que “mientras no se entienda que forjarse una pensión digna, sin perjuicio de los aportes fiscales suplementarios, es principalmente responsabilidad de cada cual (…)” o las del economista José Ramón Valente en su columna en El Líbero, donde dice que la discusión en torno al fin de las AFP le recuerdan la paradoja de una mal entendida solidaridad de “personas que no hacen sus deberes y luego exigen solidaridad de quienes sí los hacen”, me demuestran una limitada comprensión de la solidaridad en un sistema de protección social. Si bien ambos hacen mención a los aportes solidarios de las arcas fiscales, para quienes han “(…) tenido mala fortuna en la vida; enfermedades, periodos de desempleo prolongados, empleadores que les han usurpado sus cotizaciones, etc.”, centran la responsabilidad de “forjarse una pensión digna” en que las personas cumplan con sus “deberes”.

El ejemplo que usa Valente, un recuerdo de sus años universitarios donde sus compañeros lo acusaron de poco solidario al no apoyar su solicitud de cambiar un examen para el que sí había estudiado, lo hace preguntarse si en el caso de las AFP “¿Debe la autoridad ceder a la presión de los que no ahorraron, forzando a los que sí lo hicieron a compartir sus ahorros?”.

Creo que Valente, nublado por el recuerdo de mal entendida solidaridad de sus compañeros, equivoca la pregunta. Antes que preguntarnos si la autoridad debe o no obligarnos a esta “solidaridad”, preguntaría: ¿debemos apoyar a quienes no pudieron ahorrar lo suficiente para tener una vejez digna, quienes tuvimos la oportunidad y el privilegio de poder ahorrar gracias a nuestros ingresos?

Respondo con un rotundo sí.

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Acerca Jose Francisco Fernandez

Jose Francisco Fernandez

Psicólogo dedicado a temas de Intervención Social. Ciclista no furioso y recientemente aprendiendo a ser marido.