Inicio / D-Política / Populismo Sí, Populismo No… ¡Pónganse de acuerdo!

Populismo Sí, Populismo No… ¡Pónganse de acuerdo!


El populismo como concepto teórico fundamental dentro del campo de la ciencia política ha traído consigo un sinnúmero de elementos polémicos o estructuras sesgadas que impiden o dificultan la labor científica de posicionar una definición politológica rigurosa del concepto que suponga cierta carencia de aspectos subjetivos desde el punto de vista del investigador. Esto, se plantea así, porque el hecho de levantar una determinada propuesta teórica sobre populismo traerá consigo efectos políticos prácticos – trascendentes al plano científico – que, si bien no son desfavorables desde la perspectiva del resguardo al sistema y los valores democráticos; son desfavorables desde el letargo que ejerce cierta matriz ideológica que alude al investigador y que en definitiva le permite fundir o enmascarar elementos más o menos doctrinarios dentro de una labor reconocida epistemológicamente como tendiente hacia la objetividad.

En términos concretos, por ejemplo, es posible apreciar cierta oleada teórica desde el liberalismo – o el neoliberalismo – de posicionar un concepto científico del populismo sustentado en la exposición empírica de sólo una faceta de la praxis política expresada en resultados más que en insumos de gobierno. Si bien este diagnóstico no es excluyente, se debe advertir una falla epistemológica importante en donde se manipulan elementos empíricos cruciales e impiden el hecho de consignar una categoría universal e integradora del concepto.

Pero yendo más allá, cabe presentar otro elemento de sesgo muy frecuente que recae transversalmente en muchos investigadores dedicados a la materia (populismo), no sólo a los que adscriben cercanía al liberalismo: la satanización del concepto. Sin duda, parte importante de la academia politológica concibe esta presunción del populismo como una manifestación disfuncional ante un contexto democrático y, a su vez, alejada de su aspecto deontológico – patología democrática. En efecto, podrá haber realidades democráticas más imperfectas sin constarse de elementos populistas y viceversa. Por lo pronto, se sugiere desmarcarse de tales predisposiciones investigativas y realizar esta observación de fortalecimiento o debilitamiento democrático una vez expuesta una sumatoria racional y científicamente convincente de aquellos elementos empíricos que caracterizan una determinada realidad política en función o no de una manifestación populista identificada.

Pero el asunto es más complejo y una tarea importante que se desprende, por lo tanto, consiste en construir una categoría populista más universal que permita asociar objetivamente procesos políticos determinados prescindiendo de sus orientaciones doctrinales o ideológicas y que tal categoría plantee una observación empírica integral que dificulte el posicionamiento de ciertas subjetividades desde la perspectiva del sujeto de estudio, como la paranoia rentista que seduce mucho a los expositores liberales. Sin duda que una categoría receptáculo del concepto coadyuvará a lograr un consenso científico al respecto y los efectos políticos prácticos del populismo no irán más allá del resguardo de los vales inherentes al proceso democrático.

Finalmente cabe no desconocer que, en efecto, resulta muy dificultoso plantear un concepto del populismo acorde a los parámetros propuestos, pues en el campo de la ciencia (social) política aún se aprecia este <<tira y afloja>> en elementos altamente empíricos como los mismos sistemas electorales y de partidos. Sin embargo, surge la necesidad de empezar a construir este consenso científico sobre el populismo puesto que no se ha visto concepto político más manipulado y mediático que éste y, que si se expone epistemológicamente de mal forma, puede afectar la opinión pública – sesgándola – y de allí la dirección política de un país.

 

¿Quieres comentar?
Mejor Opina. De Verdad.
 

Acerca Juan Vera

Juan Vera

Estudiante de administración pública de la Universidad de Talca.