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Sin Pedir Perdón, Sin Dar Indemnización

El gobierno de Colombia está firmando un acuerdo de paz con los terroristas de la FARC. Hay muchas vías para aproximarse a este acontecimiento, para mí tan destructivo como importante. Quiero centrarme solo en una: las víctimas del terrorismo. Los españoles sabemos lo que significan la memoria, la dignidad y la justicia para con las víctimas del terrorismo. Sabemos hasta qué punto fueron determinantes aquí para generar el ambiente social que acompañó a la acción policial y jurisdiccional que llevó a la banda terrorista hasta el borde de la extinción. Sabemos también cómo unos acuerdos con los terroristas, hechos por debajo de la mesa como hizo Zapatero con ETA, o por encima de ella como los de Santos con las FARC, pueden humillar a las víctimas. Si los asesinos quedan impunes, las víctimas quedan humilladas. Si el gobierno entrega a los terroristas el poder que reclamaban por las armas, lo lógico es que la víctima se pregunte por qué no se rindieron antes, y así se habría evitado la pérdida de su familiar asesinado.

Según un reportaje del diario digital PanAm Post, la representante de la Federación Colombiana de Víctimas de las FARC, Ximena Ochoa, afirma sentirse “usada”, y expresa su rechazo a un acuerdo que deja de lado a las víctimas y no procura una reparación integral del daño y el dolor causados. Recordemos que las FARC han asesinado a decenas de miles de personas, en los pueblos y los caminos del interior del país, o en las avenidas de Bogotá. Las FARC secuestraron a miles de personas, y a muchas las tuvieron encadenadas a árboles en la selva hasta obtener el rescate exigido. Las FARC sembraron Colombia de minas antipersona, que aún hoy siguen estallando. No hay apenas familia colombiana, de cualquier lugar o de cualquier nivel, que no haya tenido víctimas en su entorno más inmediato. Si las víctimas en Colombia se sienten humilladas, es el país entero el que ha quedado humillado por estos acuerdos.

Trataré de delimitar en tres puntos concretos dónde están las claves de la humillación y desprecio a las víctimas del terrorismo en Colombia:

  1. Las FARC no piden perdón. Debería ser lo primero, lo más elemental: el punto de partida de un acuerdo que fuera algo distinto a una capitulación del Estado de Derecho. Lo mínimo es expresar pública e inequívocamente la vergüenza y la aceptación de la culpa por todo el mal causado a tantos millones de personas. Lejos de eso, el dirigente terroristaTimochenkodijo con toda claridad: “Cuando uno pide perdón es porque se arrepintió de haber hecho algo, yo no me estoy arrepintiendo de nada de lo que he hecho como guerrillero”. Es decir, que las víctimas tenían motivos para ser secuestradas o matadas, según este criminal.
  2. Las FARC no indemnizan. Nada puede compensar el dolor de las víctimas, pero la humanidad inventó hace milenios el procedimiento de la indemnización como justo resarcimiento del daño causado. En los acuerdos de paz de Colombia no está del todo claro si todas las víctimas recibirán indemnización. Probablemente muchas de ellas sí la obtengan. Lo que está perfectamente claro es que las FARC no pagarán las indemnizaciones, sino que lo hará el Estado colombiano. Es decir, que las instituciones democráticas asumirán la posición del que está en deuda, liberando así al auténtico culpable de su responsabilidad. ¿Son insolventes las FARC? La pregunta se responde con otra pregunta: ¿da dinero vender cocaína?The Economist, citando un estudiono publicado del gobierno colombiano, atribuye a las FARC un patrimonio de al menos 10.500 millones de dólares. Por tanto el gobierno colombiano admite que las FARC disfruten y sigan ampliando su patrimonio, mientras los propios colombianos pagan de su bolsillo lo que es responsabilidad de la guerrilla.
  3. Las FARC representarán también a sus propias víctimas. De una forma increíblemente macabra se va a producir la ignominia de que las víctimas estén representadas en el Parlamento por sus verdugos. Los acuerdos de paz entregan 5 escaños en el Senado y otros 5 en la Cámara al partido político en el que se transformen las FARC, aunque tengan menos votos de los necesarios. Crea adicionalmente 16 circunscripciones especiales en las zonas del país controladas por la guerrilla. Las FARC, por tanto, pueden obtener 21 parlamentarios incluso sin que tengan votos. Pero los parlamentarios representan al conjunto de la nación. Ese es un principio básico del parlamentarismo moderno. De manera que las víctimas se verán representadas por quienes les secuestraron o asesinaron.

José María Aznar dijo, en tiempos de la tregua de ETA de finales de los años noventa, que España no haría concesiones políticas a los terroristas ni por matar ni para que dejaran de matar. Los acuerdos de paz de Colombia son una cesión para lograr que las FARC dejen de matar. Y entonces uno se pregunta: ¿para qué murieron entonces miles de víctimas, si al final se iba a ceder?
Columna publicada por Libertad Digital

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Acerca Javier Fernández-Lasquetty

Javier Fernández-Lasquetty

Vicerrector U. Francisco Marroquín (Guatemala). Columnista en Libertad Digital y miembro del Patronato de Fundación FAES. Ocupó responsabilidades políticas en España: Consejero de Sanidad de la Com. de Madrid y Consejero de Inmigración en los gobiernos regionales presididos por E. Aguirre. Ha trabajado muy cerca de José M. Aznar, cuando fue Presidente del Gobierno español y en FAES. Inspirado por los principios liberales, siempre ha buscado ampliar la libertad individual y la iniciativa privada.

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