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Sin (Tanto) Miedo a Trump

Trump (foto columna)Hace 8 años muchos miramos con interés la irrupción de una nueva y carismática figura en el escenario político mundial. Barak Hussein Obama le quitaba de las manos la candidatura presidencial a una archiconocida Hillary Clinton, llenando la mentalidad colectiva de palabras como “Hope”, “Change” o “Yes We Can”. 

Eran los peores tiempos de la administración Bush, la guerra de Irak había demostrado tener falsas motivaciones, cobraba miles de vidas y agudizaba una crisis económica y de legitimidad. Hillary pagaba con su desprestigio el haber votado a favor de esta guerra, facilitando la sorpresiva elección de un presidente de ascendencia afroamericana. 

En aquella oportunidad, ya ganada la primaria, muchos analistas políticos aseguraban que Obama llevaría a Clinton de compañera de fórmula. Pero no fue así. Eligió a otra persona. Y ganó la elección. 

Las expectativas mundiales eran altas. El autor de “Sueños de Mi Padre” (libro de clase mundial, escrito por él mismo) reunía multitudes dentro y fuera de EE.UU. Los más entusiastas hablaban de un “nuevo Gandhi”, que terminaría la guerra a la que siempre se opuso, cerraría Guantánamo, sacaría los soldados de Afganistán. Incluso se comenzó a hablar de un premio Nobel de la Paz. 

Pero con la presidencia ya ganada, lanzó un balde de agua fría que nos volvió a la realidad. Nombró Secretaria de Estado (la cartera más relevante del gobierno federal norteamericano) a Hillary Clinton, trayéndola de regreso, sin necesidad alguna, del mausoleo de los políticos derrotados y sin futuro.

Fue un ajuste de expectativas. Obama no era Gandhi. Guantánamo no fue cerrado. La paz no llegó a Medio Oriente. Obama era sólo un político más, de esos que hacen creer que dicen cualquier cosa para alcanzar el poder y luego son capaces de tranzar lo que sea para consolidarlo; que hay por medio de lobistas, donaciones millonarias y sociedades off, una secreta alianza entre grandes corporaciones y la clase política, para que todo siga igual, en perjuicio de la gente.

Las críticas en contra del candidato que ha llamado la atención del mundo entero y que tiene a muchos con los nervios de punta, llueven: se dice que Trump se tiñe el pelo, que es populista y racista (o que se aprovecha y explota el racismo de buena parte del electorado americano), que es menos rico de lo que presume, o que es, en realidad, un demócrata disfrazado.

Muchas de esas cosas, total o parcialmente ciertas, no son las únicas. Hay al menos un par de elementos rescatables, que quiero poner sobre la mesa. 

Primero, entre todos los candidatos republicanos, y hoy entre los presidenciales relevantes, Trump es el único que estuvo clara y decididamente contra la “invasión preventiva” de Irak (entonces no se dedicaba “oficialmente” a la política). Durante la reciente campaña de primarias, tuvo el coraje de llamar a Bush un mentiroso de clase mundial, cuando sus competidores le ofrecían relamidos elogios y los “analistas especializados” anunciaban que ese “error” le costaría la nominación. 

Con esos antecedentes, no es fácil rebatir que el mundo probablemente sería un lugar más seguro y con menos muertes crueles y absurdas con más personas pensando como Trump. El problema de Hillary sería, como repitió Bernie hasta el final, su “bad judgement”.  

Aquí es difícil entrar en el análisis de sus posturas/propuestas/eslóganes. Cada uno debiera hacerlo, distinguiendo la paja del trigo, y siempre alerta y desconfiado frente a una prensa a ratos demasiado sensacionalista, distorsionada e interesada. 

Para terminar, quiero destacar una característica que siempre me resulta atractiva y digna de respeto, y casi inexistente en la vida política chilena: el talento. 

Más allá que legítimamente nos guste o nos fastidie, o de lo que nuestro pudor y convicciones nos permitan reconocer, Trump está mostrando tener talento político en cantidades inusuales. Desoyendo a todos los expertos, con un discurso hecho a su imagen y semejanza y un plan de campaña que bordeaba lo temerario, se deshizo fácilmente de 17 buenos competidores, muchos de los cuales gastaron individualmente en publicidad negativa en su contra mucho más de lo que él ha gastado en total, hasta hoy. 

El resto es historia: hoy Trump supera a Hillary en las encuestas.

“Y aún no he comenzado con ella”, suele fanfarronear.

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Acerca Francisco Javier Leturia

Francisco Javier Leturia

Abogado, Doctor en Derecho, Profesor de Derecho UC. Presidente del Centro Nacional de Arbitrajes.