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Sobre Asignación de Órganos y Desigualdad

Donación (foto columna)

No soy el primero en decir que no existe un privilegio de ningún tipo en la distribución de órganos en Chile. De hecho, el 75% de quienes reciben un órgano tienen Fonasa, similar al porcentaje de chilenos en general que tienen Fonasa. La lista de espera es manejada por el Instituto de Salud Pública, que asigna según criterios técnicos y no económicos ni políticos. Si bien creo que se debería avanzar hacia una mayor transparencia, que nos permita a los pacientes en lista de espera saber, por ejemplo, para cada donante, qué puntaje tuvimos nosotros mismos y la persona finalmente trasplantada, en general el sistema funciona bien y es objetivo.

¿Cómo opera la asignación de los órganos provenientes de donantes cadavéricos? En mi caso, el del riñón, obtiene el órgano donado quien, además de contar con criterios básicos como compatibilidad del grupo sanguíneo, tenga el puntaje más alto en una fórmula que pondera en porcentajes distintos tres factores. El factor que más pesa (60%) es la compatibilidad del tejido, determinada por el grado de coincidencia entre seis características. Yo, por ejemplo, compartía cuatro de las seis con el donante de mi primer trasplante, lo cual me dio un alto puntaje, y tres de las seis con el donante del segundo, mi hermano. El segundo y el tercer factor pesan 20%. Uno es la presencia o no de anticuerpos específicos que, de existir, favorecen el rechazo del injerto. El otro es simplemente el tiempo de espera: a mayor tiempo, mayor puntaje. Quien tenga el mayor puntaje total, se queda con el riñón. Es por esto que la frecuente pregunta “¿en qué número estás en la lista?” no aplica: no hay lista correlativa sino muchos pacientes con características genéticas y tiempos de espera distintos.

La sensación de privilegio en la asignación de órganos se da probablemente por la cantidad de personas de clase alta que hemos visto recibiendo órganos en los medios de comunicación. La mayoría recordamos, además de Jacinta, a los jóvenes hermanos Cruzat y los Gelfenstein, al pequeño León Smith, al ex ministro Edmundo Pérez y quizás a mí mismo. Pero esta corta lista de nombres, al lado de las 400 personas que se trasplantan cada año en Chile, es muy pequeña. ¿Por qué nos enteramos solo de los casos de personas de familias acomodadas? Probablemente porque esas familias tienen más redes para visibilizar su caso a través de las redes sociales y también porque los medios de comunicación tienen un sesgo socioeconómico en lo que cubren. ¿Alguno de ustedes ha escuchado hablar de Renato Parra? Bueno, después del trasplante de Jacinta, Renato, oriundo de Talcahuano, es la prioridad nacional de trasplante de pulmones y los está esperando en el Hospital del Tórax, público. Hasta ahora no lo he visto en televisión.

A pesar de todo lo anterior, creo que las personas de clase alta sí tienen mayor probabilidad de trasplantarse. No porque el sistema de asignación de órganos las favorezca, sino porque tienen mayor probabilidad de llegar relativamente sanas y con vida a un trasplante, producto de la mejor calidad de vida y más oportunidades en la vida en general. La misma Jacinta nació con una hipertensión pulmonar tan grave que, a los siete meses, le dieron dos años de vida, según cuenta su madre. Afortunadamente, ella tiene la oportunidad de tratarse con los mejores especialistas, en el menor tiempo, con la mejor infraestructura y los mejores tratamientos. Probablemente, si viviera en un sector rural alejado, esto sería muy distinto. ¿Ustedes creen que habría llegado viva a los 17 si no hubiera nacido en una familia que la hubiera llevado dos veces al año a Estados Unidos a someterse a un tratamiento recientemente descubierto? Evidentemente que no. Qué bueno que haya podido tener esa oportunidad, pero lamentablemente la mayoría de las personas no la tienen. El índice de desarrollo humano (IDH), indicador creado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo para medir el desarrollo de los territorios y que considera ingresos, salud y educación, es claro: mientras Vitacura tiene un IDH de 0,95, equivalente al de Noruega, Tirúa tiene uno de 0,58, equivalente al de Zambia.

En conclusión, para mejorar las desigualdades en el sistema de trasplantes en Chile, no debemos mirar el manejo de las listas de espera sino el sistema de salud en general.

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Acerca Luis Larraín

Luis Larraín

Cofundador y presidente ejecutivo de Fundación Iguales. Fue nominado dentro de las 50 figuras de la diversidad en la vida pública por la revista británica The Economist y como el segundo miembro más admirado de organizaciones de acción social por el diario La Segunda. Ha sido sometido a dos trasplantes renales debido a una enfermedad congénita. Es ingeniero civil industrial de la Universidad Católica de Chile y magíster en relaciones internacionales del Instituto de Estudios Políticos de París.